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27/02/2014

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¿De dónde vienen los muertos que nos acosan?

Son muchos los libros, cómics, series y películas en los que aparecen los Zombies. Son, como ya veremos en otro artículo, muertos que se levantan para alimentarse de la carne de los vivos. Vamos, un instinto como otro cualquiera, comparable al más extraño y bizarro de los fetichismos. La cuestión esta vez es ¿qué es lo que hace que los muertos caminen por el buffete de la vida? Pero la respuesta depende de qué leas, mires, escuches o a quién le preguntes.

Hemos recopilado para vosotros las explicaciones más habituales y, si no os convencen, siempre podéis preguntarle al primero que trate de arrancaros la ternilla el por qué lo hace.

Vudú y magia negra

Zombie Vudu

Empezamos con la primera y más antigua de las causas de la “Zombificación”. Ya hablaremos algún día de los orígenes e historia de los zombies pero, en sus orígenes, el responsable era un hechicero vudú. Sí, como en “Yo anduve con un zombie” (1943), de Jacques Tourneur. Mediante el uso de su magia, el hechicero, consigue alzar a los muertos para que cumplan su siniestra voluntad. Si paseáis por Nueva Orleans y os encontráis con algún individuo siniestro que luce patas de pollo y plumas como complementos, lo mejor será que no le disgustéis.

Pero no sólo es la magia vudú la que tiene estas peculiares cualidades. La capacidad de alzar a los muertos es algo que se ha asociado siempre con todos los tipos de magia negra. Tenemos un claro ejemplo en los mitos de Lovecarft en donde viejos y polvorientos tomos contienen rituales para retornar los muertos a la vida, como el mismísimo Necronomicón. Así ocurre en la maravillosa película de Sam Raimi, “el Ejército de las Tinieblas” (1992).
Así ocurre también en mundos de fantasía como el de Warhammer, donde los nigromantes alzan ejércitos enteros de no muertos para conquistar el mundo. Incluyendo a los poderosos vampiros. Sí, también se ha añadido está capacidad al currículum de los no muertos por excelencia. Son muchas las novelas y relatos que hablan de la capacidad del vampiro para crear y controlar zombies.

Al final es un individuo, mortal o no, el que crea y controla a los zombies para realizar sus tareas ordinarias. Algo así como mandarles a hacer la compra, comerse a sus enemigos o conquistar el mundo.

Un virus o toxina

Vamos a hablar ahora de una causa, médica, vírica o genética y es la más habitual . No os confundáis, nada que ver con esnifar pegamento. Hay dos principales grupos en esta casuística, las más o menos naturales y las ocasionadas por una entidad humana y, por entidad nos referimos principalmente al gobierno, el ejército, una gran farmacéutica o compañía de armamento. Es lo que nos gusta llamar, “sospechoso habituales” y vamos a centrarnos en estos últimos.

Infectado Zombie
Por lo general, el “agente” infeccioso invade el cuerpo de la víctima y le convierte en una máquina de matar vivos a los que, a su vez, transmite el agente para que se vuelven a levantar para seguir con lo suyo.
En nuestro top 10 de organizaciones por la expansión de la forma de no vida zombie tenemos a los laboratorios Umbrella, famosos por la saga de videojuegos “Resident Evil” de Capcom. El virus es un arma biológica muy efectiva. En la serie de videojuegos “Dead Island” ocurre algo parecido, con el gobierno (da igual cuál, el que toque) está metido hasta las cejas.

virus T

En “28 días después” (2002) de Danny Boyle, tenemos un ejemplo basado en un virus natural, el de la rabia. Se expande de forma exponencial entre sus víctimas. Eso sí, ha sido creado en un laboratorio.
Otro ejemplo “natural” es la que lía un mono rata en “Braindead” (1992) (“Tu madre se ha comido a mi perro”, en español) de Peter Jackson (sí, el de “el Señor de los Anillos”), que muerde a una “amable señora” y origina una pequeña pero entrañable plaga de muertos que andan.

El patrón común es el mismo, la cosa siempre se descontrola y los muertos acaban campando a sus anchas de forma imparable.

Posesión demoniaca

Zombie Poseído

Aquí la culpa la tiene el demonio y, mientras no proclame lo contrario, lo creeremos así. En este caso los zombies no son zombies, son poseídos. Bien el demonio o sus secuaces y funcionarios (sí, seguro que el infierno está lleno) se encargan de propagar la maldad entre los mortales.

El caso más claro que me viene ahora a la cabeza es el de la película española “Rec” (2007), de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Ya se sabe, cuando el demonio se aburre…

 

Desconocido

Éste es mi favorito, no se llega a saber qué es lo que hace que los muertos se levante para saborear la carne humana. O bien no viene al cuento para el desarrollo de la historia o se queda como gran misterio a descubrir.
Cuando no viene a cuento, la cosa se parece a: “para qué vamos a molestarnos en explicarlo cuando lo que queréis ver es a los zombies comiéndose al personal”. Y tienen razón. Series como “Dead Set“, películas como “El amanecer de los Muertos” o la genial “Bienvenidos a Zombieland” o juegos como “Dead Rising” o “Left 4 Dead” son claros ejemplos. ¿Qué más da de donde vienen? Están aquí y hay que correr de ellos.

Horda Zombie

El otro caso es cuando existe una causa pero se desconoce y poco a poco van surgiendo pistas. Parte de la trama principal consiste en averiguar el origen de todo. Ocurre así en los cómics de “the Walking Dead” (“los Muertos Vivientes”, en español) y en la serie homónima. En la serie se han adelantado algo más pero en ambos casos, el origen de todo no está claro y los protagonistas van descubriendo poco a poco miguitas de pan que esperamos lleven al meollo del asunto.

Aquí también me gustaría destacar la trama del juego de rol “Z-Corps“. Sí, existe un origen, están el gobierno, el ejército y gran compañía farmacéutica llamada One World. Todos o ninguno de ellos. La gracia está en descubrirlo o, en su caso, tratar de averiguarlo sin conseguirlo nunca.

Conclusiones

De un modo u otro el por qué no importa tanto (al menos, en la mayoría de los casos) y lo importante es el cómo. Vamos, que nos gustan los zombies y lo que hacen ¿Qué más da de donde vengan?

Al final, y recurriendo una vez más al refranero popular: la ignorancia es felicidad.